miércoles, 30 de diciembre de 2015

Caperucita nunca será devorada (XXIV)

  Cuin en el medio, Kerkel a un lado y Shi al otro. Cuin se levantó y habló dirigiéndose principalmente a los hombres.

  -Señores, más de tres mil cuatrocientos millones de mujeres, incluidas las aquí presentes, somos las dueñas reales del mundo, el porqué no se lo explicaré porque ustedes bien lo saben y si no lo saben hay cientos de refranes que lo corroboran, estúdienselos y hallarán la respuesta. Ustedes simplemente se han dedicado a dirigir grandes, medianas y pequeñas empresas y por cierto, lo han hecho fatal. Ustedes se han tomado el mundo como un juego, principalmente porque nosotras hemos cometido el error de permitírselo, pero esto ya ha ido demasiado lejos. A todos ustedes les ha parido alguna mujer, por lo que nos deberían haber estado siempre agradecidos y habernos mostrado un gran respeto, y no ha sido así. No nos han dado ni una sola alegría, ninguna y cuando digo ninguna, digo ninguna, sí, sí, no me miren así de sorprendidos, que nosotras sabemos fingir perfectamente y ustedes no. Ustedes, entre otras muchas cosas, que no me molestaré en enumerar ahora mismo, son unos títeres y unos crédulos y en unos meses tendrán la oportunidad de comprobarlo-.

  -Qué pensaban-, prosiguió Cuin. -Que con unos pequeños regalos, unos pocos mimitos y un “sí cariño, luego te llamo que ahora estoy ocupado” lo tendrían ya todo resulto, pues no. Además, ¿ocupados en qué? en arreglar el mundo y a todo bicho viviente, reunidos siempre con los amigotes. Ustedes ni han arreglado el mundo, ni han arreglado nada, ustedes están dejando todo hecho un desastre y antes de que sea demasiado tarde, nosotras lo vamos a impedir. Y ya para terminar les digo que estás son las últimas copas que pago, las próximas las pagarán ustedes, y bien “pagás”. Ahora mis amigas y yo nos vamos, ya tendrán noticias nuestras, pero antes de irme, les informo de que dentro de muy poco ustedes tendrán su mundo, el mundo que se merecen, y nosotras el nuestro. Que lo disfruten, Feliz Año a todos-, terminó Cuin su discurso.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Caperucita nunca será devorada (XXIII)

  Cuando Cuin volvió a su país había un gran revuelo, todo el mundo se preguntaba dónde había estado esos tres días. Cuin no dio ningún tipo de explicación y mandó convocar una reunión para dentro de un par de días donde estuviera su consejo de ministros y toda su familia, ahí les comunicaría su decisión. Ese mismo día por la tarde daría un discurso en abierto a todo el mundo y comunicó que a ese discurso asistirían Geli Kerkel y Huy Shi.

  La reunión fue convocada para el día 17 de Mayo. Por la mañana consejo de ministros y familia. Por la tarde discurso para todo aquel que quisiera escucharla.

  La mañana del día 17, Cuin anunció su decisión de abdicar en favor de su hijo Píncipe a todos los miembros del gobierno de su Imperio y a todos los miembros de su familia, meno su marido del que ya había dado debida cuenta. Todos los presentes se quedaron boquiabiertos, menos su hijo Píncipe, que mostraba una sonrisa de oreja a oreja, una gran sonrisa de larga distancia.

  No admitió preguntas y dijo que a partir de ese momento si tenían cualquier duda o cuestión que resolver, se dirigieran a Píncipe. Cuin Se despidió y les emplazó para su discurso vespertino.

  Los miembros que quedaban del club Totario Ese, que aún andaban muy enfadados porque Cuin sepultó a un importante número de sus afiliados, se mostraron encantados, -Este es de los nuestros, por fin un hombre dirigiendo este gran Imperio- se les oyó murmurar, sin saber que lo que les pasó a sus colegas era sólo un juego de niños, en comparación con lo que les pasaría a ellos.

Debido a la gran altura de la torre de la oradora, fue imposible fotografiarla 
  Para el discurso de la tarde, eligieron una gran explanada frente a Palacio, donde se congregaron más de 450 mil personas, por tal motivo tuvieron que preparar una gran torre de 186 metros de altura, para que todos los allí congregados pudieran verla y escucharla sin ninguna interferencia.

  Estaban personalidades de todos los rincones del mundo. Los del club Totario Ese, que ya suponíamos que eran un poco mafiosillos, se las ingeniaron para que muchos de los asistentes fueran miembros de su club y afines, por lo que casi todos los allí presentes eran hombres, con esto ya contaba Cuin, además, era parte del plan elaborado junto con Kerkel y Shi para ese día.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Caperucita nunca será devorada (XXII)

  Llamaron a Tal Eldelfiel, un gran tejedor de ropa que era amigo de las tres y seguramente del resto también. Evidentemente no le contaron nada, sólo le dijeron que querían que hiciera un desfile privado para un determinado número de mujeres muy importantes, y que seguramente alguna cosa caería. Tal Eldelfiel accedió encantando.  

  Con todo atado y bien atado se despidieron hasta dentro de un unos cuantos días, ya que ellas se volverían a ver antes del día 16 de junio, de no recuerdo que año exactamente, en que tendría lugar la reunión más importante de la historia de la humanidad, donde se desarrollaría, prepararía y ejecutaría el mayor plan para el confinamiento y extinción de una especie.




martes, 8 de diciembre de 2015

Caperucita nunca será devorada (XXI)

  Ahora ya sí podían relajarse un poco, comieron y bebieron algo y se aprestaron a concretar los flecos que les faltaban para la reunión del próximo día 16, donde se decidiría cómo, cuándo y dónde realizar todo lo que tenían pensado.

  La reunión tendría lugar en la casa rural que ahora poseían y aunque habían pasado poco tiempo en ella, le habían cogido especial cariño, debido a lo que allí habían vivido, especialmente Cuin y Kerkel, ya que Shi vino más tarde y además no era nada sentimental.

 Decidieron que a partir del día 16, independientemente de lo que se decidiera en esa reunión, ellas tres liderarían el proyecto y se dedicarían en cuerpo y alma hasta haberlo llevado a cabo, por lo que tendrían que buscar alguna excusa para dejar de desarrollar sus actuales obligaciones.

  Cuin lo tuvo claro, abdicaría de su cargo y se lo cedería a su hijo Píncipe, el cual además mostraría una gran felicidad, ya que lo estaba deseando hacía más de 100 años. Cuin tampoco dejaría de tener poder, ya que para una mujer como ella, igual que para el resto de las tres mil quinientos millones de mujeres habitantes de este mundo, manejar a un hombre no le sería nada complicado. Él se creería que mandaba mientras era ella la que realmente lo hacía, perfecto para sus propósitos. Cuin tendría todo el tiempo del mundo para desarrollar sus planes sin que nadie sospechara, además así el pobre Píncipe tendría una alegría antes de darse cuenta del futuro que le esperaba.

  Kerkel decidió que, debido a lo que iba a acontecer y a pesar de todo, le gustaría tener un recuerdo de su marido, por lo que se quedaría embarazada, fingiría tener un mal embarazo, lo que le impediría asistir constantemente a actos oficiales y simularía trabajar desde casa.

  Huy Shi no tenía ningún problema, ella decidía siempre donde quería estar y que hacer, con lo cual lo tenía todo solucionado, no tenía por qué inventarse nada, ni dar explicaciones a nadie.

  También tenían que pensar en algún acontecimiento que pudiera reunirlas a todas sin levantar el más mínimo recelo. Creyeron que lo mejor sería organizar un desfile de moda y joyas privado, así nadie se sorprendería de ver a tantas mujeres juntas en un acto de esas características, además contaban con la colaboración de Opera, que sabría perfectamente camuflar y vender el evento como tal.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Las fiestas del pueblo

En una plaza totalmente abarrotada con un público entregado y entendido, dio comienzo el ansiado concierto que cerraba las fiestas patronales del pueblo. En un escenario espectacular y con un sonido y producción no menos espectaculares, fueron apareciendo, no sé exactamente si por este orden, los siguientes grupos con los siguientes temas:

-Al Kopper (Green Onions) –The Allman Brothers Band (Don´t Want You No More) –Atomic Rooster (Stand By Me) –Bakerloo (Son Of Moonshine) – Them (She Put A Hex On You) -Beck, Bogert & Appice (Superstition) –Blood Ceremony (Daughter Of The Sun) –Bloodrock (Castle Of Thoughts) – Sweet Smoke (Baby Night) - Blues Pills (Ain’t No Change) –The Jayhawks (Kirby’s Tune) -Bulbous Creation (Having A Good Time) –Canned Heat (On The Road Again) – The Flock (Clown) - Cream (N.S.U.) –Creedence Clearwater Revival (Suzie Q) –Wicked Lady (Run The Night) –Vanilla Fudge (Shotgun)-The Beacon Street Union (Now I Taste The Tears)

  Luego salió Chuck Jackson cantando Any Day Now, para tranquilizarnos un poco y anunciar que harían un pequeño descanso y continuarían más tarde con nueva gente sobre el escenario. Yo alucinaba, y era sólo la primera parte, de no sé cuantas, del concierto, entonces alguien se acercó y me dijo que las drogas eran muy malas, yo no le hice ni puto caso, porque sabía que el concierto seguiría.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Caperucita nunca será devorada (XX)

  Cuando parecía que ya por fin Cuin, Kerkel y Huy Shi podían definitivamente dedicarse a descansar un poco, reclinadas en sus respectivos sillones, algo les rondaba la cabeza, sabían que les faltaba algo y en ese momento de duda las tres fijaron su vista en un aparato, generalmente de color negro, pantalla plana y sonido 5.1, entonces saltaron como un resorte y se dieron cuenta de la pieza fundamental que les faltaba para completar su plan. Eso era, el poder inmenso de la televisión, el más devastador, a un clip todos sucumben a él, nuestra mente y nuestra voluntad al servicio de la comunicación.

 Ellas tenían que poner dicho poder de su lado, tenían que hacerlo si querían que todo saliera perfecto. No lo pensaron dos veces, agarraron el teléfono y llamaron a la más importante comunicadora conocida de la historia, llamaron a la que sería su más fiel e importante aliada.

  Opera Sinfe, ella, que cuando se sentaba delante de una cámara y se oía la frase, –En el aire-, las personas dejaban de ser personas para convertirse única y exclusivamente en ojos y oídos. Ella era la dueña de todos los hogares del mundo, Cuin, Kerkel y Huy Shi, eran dueñas del resto. No podían permitirse el lujo de no contar con un poder tan inmenso.

  Llamaron a Opera y le pusieron al corriente de su proyecto. ¿Qué podría opinar Opera Sinfe del futuro que le esperaba a la humanidad caminando por los derroteros actuales? Su nombre lo decía todo.

  Opera estaba totalmente de acuerdo con los planes que le contaron, se mostró totalmente dispuesta a colaborar y a participar activamente en el proyecto. Opera Sinfe, cogió todas sus cámaras de televisión y las de todos sus compañeros, y cerró su programa y los programas del resto de sus compañeros también hasta pasado el día 16 de junio, con todos los problemas e inconvenientes que eso causó en los hogares de toda la población mundial.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Caperucita nunca será devorada (XIX)

  Cuin, Kerkel y Huy Shi se disponían a tomar un descanso, ya habían contactado con todas las asistentes a la reunión, y todas sin excepción habían confirmado su presencia, pero sentían que les faltaba alguien más.

  -Claro-. Exclamó Kerkel, que siempre estaba muy pendiente de esos temas, -nos falta llamar a Tistine La del Garde, que es la que tiene las llaves de donde guardamos el dinero-. –Es cierto-, dijeron al unísono Cuin y Huy Shi.- cómo se nos ha podido pasar-. Y rápidamente la llamaron.

  Tistine La del Garde, poderosa dama ella que por si misma no poseía nada, salvo una importantísima llave que abría la más importante de todas las cajas. Ella era la cajera mundial, si alguien necesitaba dinero se lo tenía que pedir a ella. Si no quería abrir la caja, no había dinero para nadie ni para nada, así de importante era ella. Quizá la más importante

  Cuando le comunicaron los planes que tenían pensados, cogió la caja entre sus brazos, se guardó la llave en el lugar más íntimo de su cuerpo y ya no volvió a abrir la caja hasta pasado el día de 16, con los trastornos que eso generó al mundo entero.

  Pero para que el plan de las tres tuviera pleno éxito necesitaban una cosa más, algo que ellas tres no estaban muy acostumbradas a utilizar, pero sí a servirse de él. Algo que hace parecer bueno lo malo, negro lo blanco, lo absurdo importantísimo, lo banal de extrema necesidad. Algo que hace moverse a miles de millones de personas, algo que hace permanecer inmóviles a miles de millones de personas. Algo que puede crear un único pensamiento. Sí, eso era justo lo único que ya les faltaba conseguir para llevar a cabo con éxito y hasta sus últimas consecuencias, su malévolo y necesario proyecto.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Esperándote VI

Cuadros de Andrzej Wróblewski
  No hace falta que te hagas la despistada, sé que entre la barbarie y el color siempre es deseable elegir el color, pero a veces es difícil distinguir. Intentar tener una visión amplia no significa preferir uno u otro, y aunque como buen escorpio, trato de clavarme a mí mismo el aguijón alguna que otra vez, espero que no sea eso por lo que huyes, porque generalmente no suelo atinar y además, no pierdo demasiado tiempo en ello, sólo espera a que termine la fotografía y hablamos. 

  Los sucesos se guardan en la memoria, pero no siempre en el lugar correcto.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Caperucita nunca será devorada (XVIII)

  Otra que figuraba en la lista era Fania Dejodania, mujer elegante donde las haya, ama de los confines del este más cercano, principal causante de los problemas cervicales en el género masculino, infatigable luchadora por el buen vestir y mejor vivir.

  Juli Billar y Lonia Dandi, dueñas de extensos y poblados países, bueno, siendo sinceros, Juli es dueña de un extenso, muy extenso y alejado, el más alejado país y que no está de camino de ninguna parte, pero bastante menos poblado que el de Lonia.

  Juli Billar es muy amiga de Cuin, pero debido a la distancia que las separa se ven poco, por eso fue a la que más ilusión le hizo la llamada y la que más contenta asistiría a la reunión a pesar del largo viaje.

  Y qué podríamos decir de Lonia, perteneciente a un país en que sus antepasados tuvieron alguna que otra disputa con Cuin y los suyos, pero que gracias a un familiar muy cercano suyo y promotor de la no violencia, consiguieron volver a llevarse más o menos aceptablemente.

Obra de Castrortega (2015)
  En el país de Lonia tenían la fea costumbre, instaurada por los hombres, de poner una escalera en medio de las calles y la gente se tenía que colocar en ella según rango y abolengo, los menos importantes en los peldaños inferiores, los más importantes arriba. Primero se colocaban los menos importantes y el resto, según iban ascendiendo de rango y abolengo, les iba pasando por encima hasta ocupar su correspondiente lugar en la escalera, con la consiguiente molestia para los de escalones inferiores. Para bajar, al contrario, primero los de arriba, luego los de abajo, estos no entendían muy bien porque siempre tenía que bajar primero los de arriba, a no ser que fuera para volver a ser pisoteados nuevamente.

  Lo que ocurría en este país, ocurría prácticamente también en todo el mundo, la única diferencia es que en este país, esa fea costumbre, tenía nombre.

  Lonia Dandi se mostró encantada con la llamada, pues creyó que el proyecto realmente podría ayudar a cambiar y mejorar muchas cosas. Ella estaría allí el día 16 de junio.

  Así hasta completar el resto de las 192 mujeres representando a todos los países del mundo. De algunas de ellas no se pueden dar nombres ni procedencia, ya que todavía quedan algunos lugares en que los hombres sienten una cierta animadversión hacia ellas y prácticamente no las dejan salir de casa, sin entenderse muy bien el porqué.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Caperucita nunca será devorada (XVII)

  Lo primero que hicieron fue repartirse el mundo, de momento en sentido figurado, porque lo que realmente se tenían que repartir, era a quién iba a llamar cada una para asistir a la próxima y definitiva reunión. Reunión que decidieron tendría lugar el 16 de junio, de no sé qué año exactamente.

  Extendieron un mapa mundial y por razones obvias lo dividieron en tres partes, tomando como eje central un tal meridiano de Grenguich, o algo parecido. Por motivos de poder e influencia Cuin se ocuparía del tercio izquierdo, ahí estaban gran parte de los países que ella controlaba, Kerkel se ocuparía del tercio central y Shi del derecho, así todas tenían asignado sus principales áreas de influencia y si alguna necesitaba ayuda, evidentemente las otras dos se la prestarían, especialmente Shi, que con sólo pronunciar su nombre todas las puertas se abrían y teléfonos descolgaban, menos los de Cuin y Kerkel, pero de eso ya hemos explicado el motivo.

  Iban a convocar, para ese día 16, a las mujeres más influyentes de los 195 países conocidos hasta la fecha, una por país.

  La lista la encabezaba Pilari Linton que si bien no era la dueña, pero estaba a punto de serlo, era la mujer más importante de un gran país, país que en otros tiempos pretendió dominar el mundo, aunque sus métodos eran altamente cuestionados, además muchas veces se perdían en unos planteamientos un tanto absurdos que generalmente les hacía perder la razón que pudieran tener. Un tanto rimbombantes y grandilocuentes eran los hombres de ese país, que eso sí, tenían la virtud de que todo lo que hacían lo convertían en un grandioso espectáculo.

  También llamaron a Pistina Pichner, Cheli Chelet y Vilma Tuchef, estás tres sí que eran dueñas de sus respectivos países, en estos momentos en horas bajas, próximas geográficamente y también próximas a perderlos, lo que las hizo grandes amigas y no era raro verlas juntas tomando un café y hablando de sus cosas. También eran países importantes, no tanto como los mencionados anteriormente, pero si de una incipiente influencia y emergencia. Además las tres eran grandes luchadoras, ellas sí que habían sufrido los ligeros deslices, por llamarlos de una forma suave y elegante, cometidos por los hombres.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Caperucita nunca será devorada (XVI)

  Cuando recibieron a Shi, tanto Cuin como Kerkel estaban un poco inquietas, más Kerkel que Cuin, pues no sabían la reacción que tendría Shi hacia ellas y si esta  aprobaría su gran plan.

Recordamos el lugar de la transcendental reunión
  Shi lo primero que les dijo, fue, que esto no se volviera a repetir, que secretitos a ella, los justos, es decir ninguno, que aprendieran de los hombres en ese aspecto, que no tienen ni idea de guardar un secreto. Cuando ella quería filtrar una decisión no tenía más que contársela a su secretario personal y al instante la conocía el mundo entero. Cuin y Kerkel asintieron y prometieron que nunca volvería a suceder y más ahora que tenían que estar más unidas que nunca.

  Relataron a Shi sus sensaciones y sentimientos, le contaron lo que habían visto y oído a lo largo de su periodo de observación, le dijeron que sabían quienes eran los culpables de todo lo que estaba sucediendo, que iban a poner remedio a esta situación y que esperaban contar con su aprobación y colaboración.

  Mientras Shi decidía, Cuin y Kerkel dejaron de respirar, Shi las miró y dijo: -Ya podéis respirar, ya he tomado una decisión. Lo que proponéis es realmente increíble, drástico y cruel, pero he de reconocer que tiene su lógica y su gracia. Yo alguna vez lo había pensado, pero siempre lo deseché por no saber realmente como acometerlo. Admiro vuestro valor, decisión y sobre todo ingenio por haber encontrado una solución tan original-. -Lo haremos-, sentenció, -ahora sólo nos falta saber cómo, cuándo y dónde, porque el qué y el porqué, ya lo sabemos, pero antes deberíamos consultar e informar a algunas mujeres más para contar con el apoyo y respaldo del mayor número posible de ellas para poder realizarlo-.

  Cuin, Kerkel y Shi se abrazaron efusivamente, abrieron unas cuantas botellas de vino espumoso de una marca desconocida, comieron los mejores manjares que pudieron encontrar, traídos por el propietario del supermercado más cercano, que por cierto también compraron mandando al dueño a Calma Yorka, y se pusieron a diseñar el plan de una envergadura jamás imaginada.

martes, 10 de noviembre de 2015

Caperucita nunca será devorada (XV)

  Huy Shi, tenía 140 años, era una mujer muy poderosa, casi tan poderosa como Cuin y Kerkel juntas. A diferencia de estas, Huy Shi, que ya poseía un gran Imperio con más de mil millones de personas habitando en él, se había dedicado estos los últimos años, y aún hoy se dedica, a comprar y comprar más países, con lo que su poder aumenta día a día, y perfectamente podría arruinar los planes de Cuin y Kerkel a nada que se lo propusiera.

  Cuin y Kerkel se dieron cuenta enseguida de que habían cometido el error de no haber llamado a Huy Shi, y de que ésta podía haberse enterado de su reunión por la prensa o por cualquier otro medio de los que Huy Shi disponía, que eran muchos. Este sí que era un problema que tenían que solucionar con rapidez e inteligencia, cosas que ambas poseían a raudales, bueno, la rapidez no tan a raudales.

  Inmediatamente llamaron a Shi, que tenía un cabreo importante al enterarse de que estaban reunidas y no le habían informado. Se disculparon diciendo que todo había surgido muy deprisa, que intentaron ponerse en contacto con ella pero que no tuvieron éxito y que debido a la importancia del asunto no podían demorarlo por más tiempo, que jamás se les hubiera ocurrido reunirse sin su conocimiento y su consentimiento.

  Shi dijo que no le constaba que hubieran intentado ponerse en contacto con ella, pero no quiso profundizar más en este tema y dio por buena la explicación de Cuin y Kerkel. Estas le relataron brevemente lo que estaban planeado y la conminaron a que se reuniera urgentemente con ellas, que cogiera el primer vuelo al aeropuerto más cercano de donde estaban y que ya pasarían ellas a buscarla, eso sí, insistieron en que viniera sola y que no dijera a nadie el motivo ni el lugar de la reunión. Shi, dudó unos instantes pero al final accedió, cogió el avión más rápido de que disponía y para allá se fue.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Caperucita nunca será devorada (XIV)

   Apenas pudieron dormir un par de horas, ya que la excitación que sentían se lo impedía. Las dos se levantaron con una amplia, bonita y quizá también maligna sonrisa en su rostro, sonrisa que Cuin tardó bastante en poderse quitar, ya que era una persona que no estaba muy acostumbrada a sonreír, debido sobre todo a la importancia de su cargo y a los cinco kilos de maquillaje que solía llevar, lo que hacía que cada movimiento de sus músculos faciales fuera una auténtica heroicidad.

  Al ir a prepararse un desayuno acorde con su posición y con el momento tan importante que se disponían a acometer, se percataron de que ni tenían té, ni café, ni siquiera una simple mandarina para desayunar, así que lo primero que hicieron, antes de empezar a programar su plan, fue llamar al propietario de la casa rural, para que les abasteciera de todos los víveres que creyeron que iban a necesitar y de los que habían estado privadas durante su estancia allí, extensa lista, por cierto. Como  también decidieron quedarse un par de días más, se lo comunicarían al propietario cuando llegara con los suministros.

  Una vez descargado todo lo que habían solicitado, el dueño de la casa rural se dirigió hacia ellas con un periódico en la mano, les pidió que se sentaran y les mostró la portada, en la que se podía leer: “Sospechas Fundadas De Una Reunión Secreta Entre Dos Importantes Líderes Mundiales”, con las fotos de Cuin y Kerkel y un extenso artículo con diversas conjeturas sobre dicha reunión.

  Cuin y Kerkel estaban más que acostumbradas a todo este tipo de rumores, y este en realidad era una minucia, pero no querían que siguiera creciendo más de lo debido y menos aún, que hubiera testigos de aquel encuentro que lo alimentaran, así que decidieron actuar con rapidez y contundencia en uno de los aspectos a solucionar, en este caso, el del testigo de tal encuentro. Compraron al propietario la Casa Rural en la que estaban, también compraron el resto de propiedades que poseía y le mandaron de vacaciones pagadas e indefinidas a Calma Yorka. Cuin y Kerkel sabían perfectamente que a los hombres se les puede comprar fácilmente y más dos mujeres, aunque no siempre de esta misma forma.

 Una vez dada buena cuenta de más de la mitad de las provisiones que les había traído el ahora expropietario de la Casa Rural, se pusieron a programar su plan con todo detalle, si bien antes encendieron sus inteligentes teléfonos móviles llamados ifones, o algo similar. Ya tenían dos mil cien llamadas sin contestar y mil doscientos mensajes sin abrir, pero una misma llamada en especial que tenían las dos, las llenó de intranquilidad y cierto temor. La llamada era de Huy Shi.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Caperucita nunca será devorada (XIII)

  Cuando Kerkel terminó su relato estaban ya las dos realmente exhaustas, habían estado 37 horas contando sus vivencias sin parar y no habían podido comer absolutamente nada, por lo que decidieron que era hora de descansar un poco.

  Antes de irse a acostar encendieron sus inteligentes teléfonos móviles, descubriendo que tenían mil quinientas doce llamadas perdidas y setecientos catorce mensajes sin abrir, pero tras intercambiarse una ligera mirada decidieron volverlos a apagar.

  Cuin contó que su marido siempre estaba quejándose de todas las llamadas y mensajes que recibía sin parar y amenazaba con que el día menos pensado apagaba el móvil y ya no lo volvería a encender, cosa que evidentemente nunca hizo, es más, el día que recibía pocas llamadas se extrañaba y se ponía a toquetear el móvil una y otra vez, para asegurarse de que estuviera encendido, con cobertura y funcionando correctamente. Kerkel dijo que a su marido y los maridos, amantes, amigos y compañeros de sus amigas, les sucedía exactamente lo mismo.

  Cuin y Kerkel se fueron a la cama dándose un gran abrazo, sabiendo que sus destinos, y el de más de tres mil cuatrocientos millones de mujeres del mundo, estaban ya unidos para siempre.

martes, 3 de noviembre de 2015

Caperucita nunca será devorada (XII)

  Por las noches, mientras ellas se ponen sus mejores galas y maquillajes, bailan,  ríen, cantan y disfrutan, ellos, si no hay el correspondiente torneo veraniego televisado de fútbol al que entregarse con total devoción, medio dormitan sentados en un oscuro rincón, esperando con ansia la llegada del día siguiente y el reencuentro con su amado chiringuito.

  Kerkel estaba dividida, mientras la mitad de su cuerpo recubierto de crema, tomaba el sol, la otra mitad observaba atentamente el comportamiento de los hombres. Kerkel, metódica y periódicamente iba cambiando de mitad. La mitad que un día tomaba el sol, a la mañana siguiente observaba, la que bailaba al día siguiente escuchaba y así sucesivamente hasta que las dos mitades habían realizado exactamente las mismas funciones durante el mismo periodo de tiempo, con lo cual Kerkel, a pesar de estar dividida, estaba totalmente equilibrada. Este trabajo realizado por ella, era prácticamente imposible de realizar por cualquier hombre, debido a las características fisiológicas, fisionómicas y aerodinámicas especificas de los mismos.  

 Y así iban trascurriendo plácidamente los días de vacaciones de Kerkel, que únicamente se veían alterados por algún que otro acontecimiento, como llegada de familias de cierto renombrillo a Calma Yorka, invasión de medusas, fuerte viento de levante, partido de solteros contra casados y cosas por el estilo, de las cuales daban debida cuenta los diferentes servicios informativos de televisión, prensa y radio locales.

 Cuando regresaban a sus respectivos lugares de residencia, ellas lucían un precioso color y textura de piel, ellos, debido al efecto del exceso de alcohol y a la total ausencia de crema protectora factor 42, volvían con una piel cuarteada de un tono rojizo muy peculiar y con tonalidades nada tranquilizadoras.

jueves, 29 de octubre de 2015

Caperucita nunca será devorada (XI)

  Ellos, no por estar de vacaciones, se olvidaban de su empeño en seguir arreglando el mundo, sino todo lo contrario, porque aparte de este reto, añadían otro, más importante aún si cabe, se dedicaban a arreglar cualquier evento deportivo que se les cruzara en su camino. No había deporte que se les resistiera, conocían todos los entresijos de cada uno de ellos, increíble tanta sabiduría junta. Defendían con tanta vehemencia sus opiniones, que las conversaciones se convertían en discusiones y las discusiones en disputas, que por fortuna, a la siguiente ronda de cervezas ya estaban olvidadas, hasta que empezaban con el análisis del siguiente deporte en la lista y todo volvía a comenzar.

  Kerkel, que observaba todo esto desde la distancia, se enorgullecía de que uno de los inventos, eso decía ella, más famosos de su país, pudiera arreglar las cosas con tanta facilidad.    

  Cuando van por la tercera jarra, les suele entrar unas ganas tremendas de meterse en el agua, se quitan la camisa a toda prisa y empiezan una carrera endiablada hacia el mar, con sus enormes pies arrollan todo lo que pillan a su paso, destrozan preciosos castillos de arena, construidos por encantadores niños inocentes, pisan toallas, periódicos, libros y cualquier elemento al alcance de sus pies, sin un perdón, ni siquiera una mirada atrás de disculpa.

  Nada más llegar a la orilla, lanzan todo su cuerpo hacia adelante haciendo un pequeño escorzo que suele acabar con la barriga roja y embadurnada de arena, después dan unos cuantos manotazos al agua como si realmente estuvieran enfadados con ella y salen a la misma velocidad con la que han entrado, pero con la barriga roja, ojos rojos y ajustándose sin ningún tipo de disimulo la redecilla del interior del bañador.

  Mientras regresan al chiringuito de donde venían, cruzan miradas cómplices con sus semejantes y a ellas, miradas de, “aquí estoy yo, para lo que quieras, eh”, a veces acompañadas de comentarios y pensamientos que no reproduciremos aquí y ahora. A Kerkel todas esas miradas y comentarios la ponían de los nervios, le irritaban y enfurecían, y eso que dichas miradas y comentarios generalmente no iban dirigidos hacia ella, pero la enfurecían tanto, que cuando se adentraba en el mar, las aguas se retiraban a su paso para intentar no molestarla.

  -Camarero, otra jarra y unas patatitas-, reclamaban ellos satisfechos de vuelta al chiringuito, sin saber realmente lo que la historia les tenía preparado.



lunes, 26 de octubre de 2015

Caperucita nunca será devorada (X)

  Ellos acompañaban a sus chicas a la playa, pero como no solían ponerse una gota de crema no les hacía falta subir a sus habitaciones después de desayunar, así que las esperaban en la cafetería del hotel, leyendo la prensa deportiva del día. El vestir lo tenían bastante fácil. Bañador ancho hasta la altura de las rodillas color azul oscuro, combinado con camisa de rayas azul clarito y en vez de chanclas usaban alpargatas con tela de rejilla para ir más fresquitos. En el pequeño bolsillo de la camisa metían cartera, tabaco, mechero, móvil y artículos varios, por lo que la camisa formaba una figura de lo más extraña. Esta era su vestimenta los quince días que pasaban de vacaciones. Por la noche, como solía refrescar un poquito, las alpargatas las complementaban con unos calcetines, eso sí, a diferencia de los que se encontraba Cuin en sus reuniones, estos, solían ser rojos, verdes y amarillos.

  Una vez llegados a la playa y después de despotricar de lo cargados que les hacían ir ellas y de la incomodidad de intentar unas mil veces que la camisa se quedara en su sitio correcto, encaminaban sus pasos en dirección bien distinta a las de sus compañeras, ellos, se dirigían directamente al chiringuito más cercano.
  En el chiringuito más cercano, el camarero de turno nada más verles llegar les recibía con la más amplia de las sonrisas, pues sabía que hoy sería otro buen día para el negocio. Pedían jarras de cerveza enormes, que el camarero servía con simpatía y celeridad.

  Los camareros de este tipo de establecimientos aunque suelen ser grandes profesionales, que conocen muy bien su trabajo y siempre están pendientes de sus clientes, procurando que nunca les falte de nada y tengan una satisfacción plena de su servicio, muy a menudo tienen que soportar alguna queja que otra, justas para unos, injustas para otros, quejas por diferentes motivos, pero que siempre acaban con las mismas frases “este no sabe quién soy yo” “a mí me vas a engañar” “aquí no vuelvo más”, quejas que, por otra parte, a la siguiente jarra de cerveza ya se habían olvidado por completo.

lunes, 19 de octubre de 2015

Caperucita nunca será devorada (IX)

  En Calma Yorka, Kerkel se encontraba con gente de casi todas las nacionalidades, razas y colores, que generalmente también viajaban en grandes grupos y con las mismas intenciones, tomarse unos días de descanso o como decía el cien por cien de los allí reunidos,  disfrutar de sus bien merecidas vacaciones. Desconectar lo llamaban, esto a Kerkel le venía de maravilla, pues al estar desconectados los podía observar con total tranquilidad y sin temor a incómodos malentendidos.

  A Kerkel le encantaba aquel lugar, comentó a Cuin que muchas veces tuvo intención de comprarlo pero nunca llegó realmente a decidirse y que tal vez ahora era el mejor momento para hacerlo, Cuin la miró y con una maligna sonrisa le dijo:

- No pienses en eso ahora, si todo sale bien, pronto el mundo entero será para nosotras-.

  La rutina era la norma en ese periodo vacacional, se desayunaba a las 07:00h, desayuno tipo bufete, se comía a las 13:00h, comida tipo bufete y se cenaba a las 20:00h, cena tipo bufete. Se huía de la rutina diaria, para adentrase en la rutina vacacional, que a diferencia de la anterior suele durar bastante menos. 

  Después del desayuno, Kerkel y sus amigas se embadurnaban de cremas, se ponían bañadores último modelo, uno por la mañana y otro por la tarde, ninguno igual al otro, pareos de colores vistosos, chanclas rojas, amarillas, verdes y blancas, dependiendo del modelo de bañador y pareo, con amplios sombreros también a juego. Bajaban a la playa y se tumbaban al sol para que sus cuerpos cogieran un bonito tono de piel. A media mañana se tomaban una margarita bien fría con un exquisito cóctel de frutas. Cuando el calor empezaba a apretar, se dirigían tranquilamente hacia la orilla del mar, caminando con elegancia y procurando no levantar ni un grano de arena, una vez en el agua, avanzaban con lentitud, dejando que el cuerpo se adaptara a la temperatura del agua, nadaban un poquito, procurando ni salpicar ni molestar, salían del agua igual de tranquilas que habían entrado y volvían a su lugar al sol, secaban su piel y cabellos con toallas también a juego con bañador, pareo, chancla y sombrero. Kerkel quizá no hiciera esos movimiento con tanta gracia, estilo y elegancia que sus compañeras, pero tampoco podríamos decidir que desentonara mucho.

sábado, 17 de octubre de 2015

Nécora


  Por favor, no me mires con esa cara, sé que sabes que vas a ser comida, pero piensa que por lo menos una vez muerta servirás para dar alegría y satisfacción, seguramente tú también lo habrás sentido comiéndote algún congénere, acuérdate de la película  “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante”, al menos, una vez que desaparecemos podemos ser útiles y servir de homenaje, aunque tal homenaje sea un tanto dudoso. 

  Pero no es tu caso, contigo no hay ninguna duda, tu caparazón abierto en el centro del plato, patas y cuerpo a ambos lados, carne blanca y jugosa, que será comida con mimo y aprecio, una rodaja de limón, para dar color y frescor.  Un plato perfecto para descorchar nuestro mejor cava y disfrutar en la mejor compañía, después alabaremos tu gran sabor afrodisíaco y terminaremos con una maravillosa siesta llena de amor y pasión, y todo, en parte, gracias a ti.


lunes, 12 de octubre de 2015

Caperucita nunca será devorada (VIII)

  Si bien Kerkel no había experimentado exactamente las mismas sensaciones que Cuin, sí había tenido otras experiencias en un ámbito distinto al de Cuin, pero que también le hacían recorrer un extraño escalofrío por todo su cuerpo y que se aprestó a contar.

  Kerkel, como cualquier ciudadana de su país, solía tomarse un par de  semanas libres, que utilizaba para viajar a un lugar soleado y tranquilo donde poder olvidarse un poco de su gran responsabilidad. Siempre viajaba acompañada de sus amigas y los respectivos maridos, amigos, amantes o simplemente acompañantes de todas ellas.

  A Kerkel le gustaba más ir en temporada baja, por tranquilidad, precio y disponibilidad, pero debido principalmente a motivos de agenda, le era prácticamente imposible escoger esas fechas, así que tenía que viajar cuando generalmente lo hacía el resto de la población, con los evidentes inconvenientes que eso conlleva. En esos viajes, al estar mucho más relajada y no sometida a las constantes presiones de su cargo, Kerkel tenía más tiempo para observar el comportamiento de las personas y  especialmente el de los hombres.

  Viajaba siempre al mismo lugar, una preciosa isla, rodeada de otras más pequeñas pero igual de bonitas, llamada Calma Yorka, que más adelante desarrollará un papel importantísimo en la historia de una parte de la humanidad.

  Se alojaba siempre en el mismo hotel, que prácticamente reservaban para ella y su grupo, en total unas 410 personas más o menos. El hotel, que antes se llamaba Hotel Hiz Sol y Playa, había cambiado ese año el nombre por el de Hiz Spa&Resort, cuando preguntó al Gerente el porqué del cambio, este no supo muy bien qué responder, contestando pasado un minuto, que seguramente sería por necesidades de mercado, y haciendo responsable de tal cambio al departamento de marketing, que tras siete meses de reuniones, haberse cruzado tres mil quinientos doce mails, más de medio millón de whatsapps e intercambio de ideas a través de twitter, instagram y unas cuantas aplicaciones más y habiendo mantenido más de treinta mil conversaciones telefónicas, desde los modernos e inteligentes aparatos denominados ifones, o algo similar, habían llegado a la conclusión de que ese cambio de nombre era bueno para el negocio, aunque el resto del hotel permaneciera exactamente igual que hace 35 años. Eso sí, el Gerente del hotel le hizo saber a Kerkel, que si prefería el nombre anterior, inmediatamente se cambiaría, Kerkel, lo pensó un segundo, pero al final no le dio mayor importancia, ella sólo iba allí a disfrutar e intentar olvidarse de sus responsabilidades.

viernes, 9 de octubre de 2015

Caperucita nunca será devorada (VII)

  Cuin se marchó del Club Totario Ese, o como se llamara, detrás suyo, ni se oyó cerrar la puerta, ni el crujir de espaldas pero en sentido inverso, ese fue el momento culminante en el que tomó su decisión final respecto al destino de la humanidad, una decisión que llevaría a cabo con total determinación y precisión.
  
  Ya en la calle llamó a los albañiles más prestigiosos y eficientes del Imperio, que al minuto estaban ya parados junto a ella y a las puertas del Club Totario Ese. Cuin les ordenó que inmediatamente tapiaran puertas y ventanas sin rechistar y sin el más mínimo pero. A los cinco minutos el Club Totario Ese, con los doscientos diecisiete miembros que en ese momento se encontraban en él, quedó completamente sellado y totalmente incomunicado. Esto fue para Cuin un pequeño, muy pequeño, preámbulo de lo que tenía pensado.    
  
  Cuando Cuin bajó a desayunar ese día y estando la decisión ya tomada, ver a uno de sus hijos y a uno de sus nietos, no hizo más que confirmarle que estaba actuando de manera correcta y que los hombres tenían un verdadero problema, aunque a la vez sintió también un poco de pena, ya que a uno de los allí sentados lo había parido ella, le había dado de mamar, bueno, eso a lo mejor no, lo había criado y educado, bueno, eso a lo mejor tampoco, pero es igual, lo importante es que lo había parido, que de eso sí que estaba completamente segura.

  Pensó en todas la mujeres, en todas las madres, pensó en las abuelas, en las hijas, nietas, bisnietas, primas, tías  sobrinas, cuñadas, suegras y nueras, sobre estas tres últimas dudó unos instantes, pero no, Ella, las salvaría y haría feliz a todas.

  Kerkel estaba, que no estaba, se levantó para abrazar a Cuin pero se dio cuenta que ya estaban las dos fundidas en un abrazo, derramando, probablemente, las últimas lágrimas y en el caso de Cuin, primeras lágrimas también, que volverían a derramar.

  Una vez terminado este episodio, Cuin trasmitió a Kerkel su decisión y solución a lo que estaba pasando, esta no sólo la aplaudió, sino que se mostró totalmente entusiasta con dicha decisión y su rostro reflejó un resplandor nunca visto en sus 110 años de existencia.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Caperucita nunca será devorada (VI)

  Kerkel estaba asombrada de lo que estaba escuchando de Cuin, tan asombrada que el segundo caramelo estaba completamente fundido en su mano, se sentía totalmente identificada con Cuin, ella también había tenido sensaciones parecidas, pero debido a su carácter, nunca quiso dejarse llevar por ellas, ella sólo se dedicaba a dirigir, dirigir y dirigir y por supuesto a que la obedecieran, sin pararse a pensar en que todo lo que tenía a su alrededor podía ser la causa de tantos males. Instó a Cuin a que siguiera con su relato, pues estaba muy intrigada con lo que realmente pasó en esos primeros minutos del día 12 y las consecuencias que tendría.
  
  -Señores-, habló Cuin, -me pueden decir qué hacen ustedes aquí reunidos a estas horas de la madrugada?-. Nadie se atrevía a hablar, todas las miradas se dirigieron hacia el marido de Cuin, que en ese momento pasó a tener 305 años. – Querida Liz-, empezó a hablar el marido intentando relajar el ambiente, -¿Cómo?- exclamó Cuin con autoridad, y el pobre hombre pasó a tener 12 años más, -Le ruego me perdone su Gran Alteza-, prosiguió el marido de Cuin, -pero estamos aquí reunidos por importantes motivos que nos hacen pasar la mayoría de las noches en este lugar-.

  Cuin se temía lo peor, como escuchara lo que pensaba que iba a escuchar, su decisión estaría totalmente tomada, con consecuencias gravísimas no sólo para los pertenecientes al tal Club Totario Ese, sino para el resto de la humanidad también.   
  
Kerkel ya no sabía muy bien qué hacer, ya sabía que lo peor que podía haber pasado pasó, porque si no, evidentemente no estarían ellas allí reunidas. Dejó que Cuin terminara su relato, intentando no pensar en la gran tarea que tenían por delante y en todas las sensaciones que también tuvo ella años atrás y que más tarde contaría a Cuin.

  -¿Y sé puede saber qué importantes motivos les traen ustedes hasta aquí?, y no me respondas tú, marido mío, que te conozco-, prosiguió secamente Cuin. El marido de Cuin ni rechistó, en ese momento su edad era ya totalmente indefinible. Todos se miraron unos a otros, buscando quién sería el que respondiera, hasta que encontraron al Primer Ministro del Imperio de Cuin, que también se encontraba por allí, ya que era uno de los habituales del lugar y que en esos momentos intentaba hacerse el despistado, pero que al verse centro de todas las miradas incluida la de Cuin, no le quedó más remedio que contestar y añadir a sus 125 años otros 25 más. –Su Gran Alteza, estamos aquí reunidos porque tenemos que resolver los grandes retos a los que se ven sometidos nuestras empresas, que por supuesto son suyas también, y resolver también los grandes retos a los que se enfrenta la humanidad, que por su puesto, parte es suya también-, terminó de contestar el Primer Ministro del Imperio de Cuin.

  -Ya, muy bonito, ¿pero las copas quién las paga?- requirió Cuin. En ese momento se hizo un silencio sepulcral. Cuin se levantó y se escuchó el mismo crujir de espaldas anteriormente escuchado, se dirigió hacia la puerta y antes de salir volvió la cabeza hacia su marido, que ya ni siquiera tenía edad, y le dijo, -y tú, ni te molestes en volver a casa-.

lunes, 5 de octubre de 2015

Caperucita nunca será devorada (V)

  Una vez en Palacio, estuvo tres días recluida sin ver absolutamente a nadie del género masculino hasta ese histórico día 12 de abril de no recuerdo que año exactamente. A las 00:01h Cuin se dirigió hacia el club donde su mantenido marido acostumbraba a pasar buena parte de la noche de algunas noches.
  
  El club se llamaba Club Totario Ese, o algo parecido, en él se reunían los hombres que se creían los más influyentes, no sólo del Imperio de Cuin, sino de todos los Imperios del mundo. El club no permitía a ninguna mujer formar parte de él y mucho menos que entraran en sus edificios, era sólo para ellos, los elegidos. Cuin llamó a la puerta, al minuto apareció un hombre de aspecto y vestimenta realmente extrañas e indefinibles. El hombre con la mano en el pomo de la puerta y la boca totalmente abierta se quedó inmóvil al verla, a un simple gesto de Cuin, se inclinó ante ella y le dejó pasar.

  Ella era Cuin, ningún club del mundo, por muy estrictas normas que tuviera le iba a impedir el paso.

  Nada más entrar Cuin en la sala principal se escuchó un crujido de espaldas al doblarse. Cuin contempló un espectáculo que ya había visto unas cuantas miles de veces, doscientas diecisiete calvas coronillas ante sus ojos, -Señores, por favor-, se le oyó decir, al instante el mismo crujido de espaldas se escuchó, pero esta vez en sentido inverso. Nadie movió un músculo mientras ella recorría la sala, cuando encontró a su marido, le dedicó tal mirada, que los 172 años que tenía el hombre, se convirtieron en 274. Cuin decidió sentarse, el resto de hombres allí presentes permanecían inertes. Allí estaban muchos a los que Cuin recibía por las mañanas y que por la noche se reunían para contar sus batallas, logros y conquistas, casi todas falsas, excepto por desgracia las batallas, que solían ser verdaderas y causantes de mucho sufrimiento y, que por cierto, en las que los allí presentes no solían participar, simplemente se limitaban a empezar y dirigir.

sábado, 3 de octubre de 2015

Caperucita nunca será devorada (IV)

  Cuin pensó que quizá todo esto sólo era endémico en las grandes empresas, que era las únicas que ella conocía por entonces, por lo que quiso conocer también que estaba ocurriendo en las no tan grandes, medianas y pequeñas empresas. Cuin, gracias a su habilidad con el maquillaje y su virtud en el vestir, se hizo pasar por becaria y se dirigió a investigar, desde el interior de las propias empresas, qué era lo que realmente estaba pasando.

  Lo que se fue encontrando fue lo siguiente. El 105% de las empresas estaba dirigida por hombres. En el 120% ellos vestían traje y corbata, ellas monísimas, los viernes hacían una excepción y ellos vestían vaqueros y camisas de finas rayas azul clarito, ellas guapísimas. En todas, el jefe entraba el último y se iba el primero, pero no se iba a su casa directamente, se dirigía al bar más cercano y allí iba esperando a que fuesen llegando sus aduladores súbditos, y entre copa y copa, resolvían los problemas no sólo de su empresa, sino los del mundo entero, por tal motivo cargaban los gastos al fisco. Ellas, monísimas, cuando salían de trabajar se dirigían a desempeñar sus aficiones favoritas, generalmente relacionadas con el cuidado del cuerpo y de la mente, sin despreciar ningún otro capricho, por supuesto.
 
  Además, constató un hecho que le dejó realmente sorprendida, pues se encontró con muchas empresas que contrataban a otras empresas para que realizaran el trabajo para el que eran contratadas las primeras, creándose así una cadena de contratas y subcontratas de contratas, en las que se perdía una gran cantidad de tiempo y dinero por el camino, siendo el más perjudicado el último eslabón de la cadena, que paradójicamente, era quien realmente realizaba el trabajo encomendado. 

  Cuin estaba aterrorizada, cómo no se podía haber dado cuenta antes de todo lo que estaba sucediendo a su alrededor. Además de aterrorizada estaba tremendamente enfadada, ya que en su condición de becaria tuvo incluso que pagar por trabajar en dichas empresas. ¡Qué indignada estaba!. Cuin ya sabía quienes eran los culpables de la deriva que estaba tomando el mundo y estaba casi decida a tomar una importante decisión. Se quitó el maquillaje y traje de becaria y llamó para que vinieran a buscarla y llevaran de regreso inmediatamente a Palacio.

jueves, 1 de octubre de 2015

Rock (I)


Un espacio para sentarse y otro para escapar, el resto es Rock:

-Words (Neil Young-Road Rock Vol.1) -Conquistadore Rides Again (Santana-Live at the Filmore 1968)

-Get Right (Pearl Jam) –Rock Bottom (UFO) –Going Underground (The Jam) –Rocking All The Way (AC-DC) -Wild Hearted Son (The Cult) –Holy Roller Novocaine (Kings of Leon) –Come Elle Vient (Noir Désir) –Siege Engine (Buckethead) –Buzzard (Armageddon) –They Took Control Of You (Atomic Rooster) –New Dark Ages (Bad Religion) –What’s Your Name (Birth Control) –Bury The Axe (Blindside Blues Band) –Summertime Blues (Blue Cheer) -Cactus Music (Cactus) –Get It Up (Chicken Food) –Highway Star (Deep Purple) –Ode To A Black Man (The Dirtbombs) –Ivory (Dust) –Jacqueline (Frank Ferdinand) –Nightrain (Guns N’ Roses) –Down Through The Night (Hawkwind) –The Show (Irish Coffee) –The Trooper (Iron Maiden) –Stone Free (Jimi Hendrix) –Say What You Want (John The Conqueror) –Forty Two (Karma To Burn) –Celebration Day (Led Zeppelin) –Seven & Seven Is (Love) –Kill The King (Masters Of Reality)

domingo, 27 de septiembre de 2015

Caperucita nunca será devorada (III)

         Cuin estaba acostumbrada a tratar siempre con hombres importantes, o por lo menos eso pensaban ellos, directores de grandes empresas que ofrecían a Cuin y a todo su Imperio sus servicios, que intentaban venderle sus productos. Llegaban en grandes coches de lujo, cristales tintados, elevalunas eléctrico, cierre centralizado, radio-cassette incorporado y aire acondicionado gratis. Venían siempre acompañados de 77 asesores y de 2 asesoras. Se hospedaban en grandes hoteles de lujo, con servicio de habitaciones y mini bar y aunque Cuin les despachaba en unos minutos, ellos prolongaban la estancia en la ciudad una semana, con lo cual los gastos normalmente solían duplicar y hasta triplicar, en el mejor de los casos, a los ingresos que generaban aquellas visitas, pero a ellos no les importaba, se quedaban con los ingresos y los gastos los endosaban al fisco de sus respectivos países. A Cuin esto no le hacía mucha gracia, ya que muchas de las empresas que utilizaban este sistema pertenecían a su gran Imperio.

       Cuin dedicaba toda la mañana a recibir a estos grandes empresarios, veía a unos 15 de ellos todos los días, aunque a ella le parecía que veía al mismo 15 veces. Todos tenían el mismo aspecto, traje gris corbata azul, traje azul corbata gris, zapatos negros, calcetines negros, siempre zapatos y calcetines negros. Media sonrisa falsa en una cara redonda y generalmente rojiza, con barrigas que presumían haber adquirido a base de buen comer y beber y hablándole como si le estuvieran haciendo un favor, y además, y esto le irritaba especialmente, no entendía muy bien por qué siempre le tenían que enseñar sus calvas coronillas cuando se inclinaban ante ella, y eso que Cuin no destacaba principalmente por su estatura. Cuando Cuin asistía a estas reuniones le entraba una sensación rara, realmente rara, que recorría todo su cuerpo, que le hacía estremecerse y acordarse, maldiciendo, de su educador de la niñez, por enseñarle a imaginarse a sus interlocutores desnudos, para así reafirmar su autoestima y poder ante ellos, huy, que escalofríos le entraban. 
     
       Ella, que se cambiaba de vestido y sombrero cada vez que recibía a alguien, Ella que tenía más pares de zapatos que habitantes su Imperio, que siempre procuraba ser la más bella, con el trabajo que eso conllevaba debido principalmente a su edad. Ella, que prácticamente era la dueña de las empresas de todos los que por allí pasaban, no tenía por qué asistir a tan espantoso hecho visual un día tras otro. No sabía por qué no se fijaban más en las dos asesoras que solían llevar, siempre tan bellas, con vestidos diferentes cada día y siempre con una amplia y preciosa sonrisa, remarcada por un maquillaje que realzaba también ojos, nariz y labios.-A partir de ahora sólo las recibiré a ellas-, comunicó a su jefe de gabinete, -pásalo-, concluyó.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Caperucita nunca será devorada (II)

La reunión tuvo lugar el 10 de mayo, en una casa rural en lugar equidistante de sus respectivos países. Sólo asistieron ellas dos. Era la primera vez que viajaban solas y también era la primera vez que se reunían solas, sin su grupo de asesores, consejeros, intérpretes y una cantidad ingente de personas que acostumbran a encarecer bastante los viajes oficiales y a mermar las arcas del Estado.

    Ya habían dado un gran paso muy importante, habían hecho, con diferencia, con mucha diferencia, el viaje más barato de sus vidas, además estaban orgullosas y satisfechas de ello. Después de las cortesías de rigor, lo primero que acordaron era que tenían que repetirlo más a menudo.


   Al ser su primer viaje en solitario y que donde se hospedaban no era ningún hotel de lujo, sino la mencionada casa rural en un lugar apenas habitado debido al secretismo de la reunión, a ninguna de las dos se les ocurrió haber llevado algo para comer y beber, aunque  esto tenía también su lado positivo, a Kerkel no le venía nada mal estar un par de días sin probar bocado y además, así se concentraban únicamente en el propósito que las había llevado hasta allí.


Liz Cuin, a pesar de tener 160 años, lleva en el poder más 300 años, es la persona más VIP en más de 60 países, repartidos por todo el globo terráqueo, es dueña incluso de mares y planetas, ha sobrevivido a un par de grandes guerras, tiene un marido que no se sabe muy bien que hace, si es que verdaderamente hace algo, aparte de vestir correctamente según los cánones supuestos de la corrección, siempre traje y corbata, y ser miembro de los clubs más importantes de su ciudad. También aparenta tener el control, saber y opinar sobre todos los  temas, aunque la que realmente domina, manda y sabe es ella, que por cierto, además también le mantiene y en privado siempre reconoce, que el hombre es realmente un inútil. Siempre está rodeada de mucho fasto y, aunque no la disgusta, hubiera preferido llevar una vida más discreta y sin tanta responsabilidad, responsabilidad, por otra parte, que siempre ha asumido con gran carácter y determinación, carácter y determinación que no le iban a faltar en su decisión final, hasta sus últimas consecuencias. Liz Cuin es mujer y madre, sobre todo mujer, digo esto porque es de vital importancia para los acontecimientos venideros.

Geli Kerkel es 50 años más joven que Cuin y no lleva tantos años en el poder, pero en los pocos que lleva ha alcanzado gran relevancia. En todos los países de su entorno los más importantes dirigentes se inclinan a su paso, y no precisamente porque su paso sea grácil. A su voz, todos firmes. No ha estado rodeada de tanto boato como su colega Cuin y siempre ha sido más rebelde y liberal que ella, pero también ha sabido asumir su responsabilidad con gran rigor y, en estos momentos tan decisivos, no haría una excepción. Geli Kerkel es mujer, nunca me dijo si también es madre, o no recuerdo que me lo dijera, pero seguramente más adelante lo descubriremos.

Sentadas frente a frente, Cuin empezó a relatar a Kerkel todas las sensaciones que había tenido hasta entonces y que culminaron esa mañana del día 12, en que definitivamente pensó y decidió que el mundo debía cambiar.
     
     Kerkel  se preparó para escucharla sin tener muy claro a dónde quería llegar Cuin, pues en la conversación que tuvieron por teléfono tampoco le había dado muchos detalles. Pensó en hacer alguna pregunta previa, pero prefirió dejar que Cuin contara su historia, ya habría tiempo de intervenir y seguramente no tardaría mucho en desvelar el propósito final de la reunión, además, había encontrado una bolsa de caramelos en su bolso y estaba muy entretenida con su pequeño tesoro, preparándose para disfrutarlos lentamente, sabiendo que era lo único que tendría para llevarse a la boca en unas cuantas horas.